Una mujer en un espacio cotidiano

Por Raquel López

En las pasadas semanas hemos sido cautivados por los medios de comunicación a través de las noticias con historias de mujeres que han sido víctimas de violencia doméstica. Me parece interesante que desarrollemos diálogos que nos permitan reflexionar acerca del valor que nuestras vidas merecen.

Quisiera compartirles en especial a todas las mujeres (grandes, medianas y pequeñas) acerca de la importancia que hay en sentirnos amadas, pero por encima de eso, de amarnos a nosotras mismas. Con esto no me quiero ir por la línea de ‘que nos subamos el autoestima’ como suelen ser la mayoría de las charlas que se nos ofrecen a las ‘chikas’. Más bien voy en dirección a que nos demos cuenta que Dios nos da nuevas oportunidades y nos invita dentro de nuestro espacio ‘cotidiano’ a tener sentido de pertenencia en el ‘Reino de Dios’…

Erase una vez una mujer samaritana que se encontró con Jesús (Juan 4)… Bueno, mejor dicho Jesús la encontró mientras iba de camino… Los judíos no aceptaban a los samaritanos porque ‘no eran puritos’ como ellos… :S. La mujer al parecer estaba en medio de sus quehaceres diarios y Jesús sencillamente tuvo un espacio para acercarse a pedirle agua…

Respondió Jesús y le dijo: —Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber,” tú le hubieras pedido a él, y él te habría dado agua viva.

La mujer le dijo: —Señor, no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob quien nos dio este pozo y quien bebió de él, y también sus hijos y su ganado?

Respondió Jesús y le dijo: —Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed. Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

La mujer le dijo: —Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla.

Amigas,… A pesar de las cosas cotidianas que en ocasiones nos desenfocan, Jesús nos recuerda que podemos ser saciadas aún cuando sintamos que ni tan siquiera hay pozo de dónde sacar agua.

Hay muchas mujeres que hoy han sido abusadas por sus parejas, otras incluso han sido asesinadas. Esta cruda realidad debe ser atendida y qué mejor por comenzar nosotras a reflexionar en que nuestras acciones no ofendan y que a su vez busquemos ser respetadas. Para esto es muy necesario que nos agarremos de la palabra esperanzadora de Jesús al decir que ninguno que beba del agua que El ofrece volverá a tener sed.

Las invito a que vean este monólogo que es precisamente de esta historia de un Jesús que se acerca a nuestra vida cotidiana…

Seas de la raza que sea, de otro planeta, color, residencia o clase social este video es para ti (solo que es en inglés):

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