Un milagro de amor

Por Raquel López

¿Por dónde empezar en un acontecimiento tan especial? Fueron 40 semanas y un pico de un hermoso embarazo junto con mi esposo Eliezer. Un tiempo que pude disfrutar y en donde comencé nuevos proyectos.

En cada etapa de la gestación iba confirmando que las 40 semanas (o como creemos, los 9 meses) están diseñados para el desarrollo del bebé pero también son para que el cerebro de los “parents to be” puedan procesar los próximos cambios. Es el camino a un nuevo trayecto intransitado que trae toda una serie de interrogantes y sensaciones de temor. Pienso que parte de los miedos que uno trae están acompañados de todos los comentarios que las personas van diciendo relacionados a experiencias personales. Desde cosas tan sencillas como “prepárate que cuando llegues al mes ‘equis’ te pasará ‘ye’ cosa,” hasta las anécdotas trágicas de abortos y cosas desalentadoras por dolores insoportables por la ocasión. En mi caso, cada mes que pasaba era como una “prueba superada.” Celebrábamos cada semana y término. En esa montaña rusa de emociones es que llegamos hasta el final del proceso de gestación.

Un detalle que no puedo pasar dentro de los miedos que enfrenté fue la experiencia del 6 de febrero de 2010. Habíamos dado la noticia a nuestra familia de que esperábamos a nuestra primera criatura. Las emociones se nos salían por los poros. Era una “culequería” inmensa que apenas nos duró 7 semanas. Tuvimos un aborto “espontáneo” que paró en sala de emergencias y hasta una hospitalización. Lo manejamos lo mejor posible pero por más madurez y salud emocional que tuviéramos, esto son experiencias que “le sacuden el piso a cualquiera”.

A partir de esto parecería que al lente con que veíamos la vida le hubiesen aumentado la dosis porque comenzamos a ver las cosas diferente. Lo más que recuerdo de ese día es cuando dos doctores del Hospital Auxilio Mutuo me recibieron y mientras me examinaban me dijeron “nosotros sabemos porqué los embarazos no se dan, pero no sabemos cómo los bebés llegan a nacer. A eso le llamamos milagro”.

Comencé a pensar en todas aquellas mujeres que no han podido concebir o que han tenido abortos. Después medité en el contraste de aquellas que pudiendo tener hijos, no los desean. No sabía que son muchas las que se han enfrentado con este escenario hasta que me tocó a mi o mejor dicho, hasta que me vino el “cambio de receta ocular”.

Luego de esta experiencia escribí en el blog al respecto y sin esperarlo recibí muchos mensajes privados de amigas que están pasando por esta situación. Por ellas y todas las que lean esto, les dedico mi experiencia.

Luego de varios meses, en agosto de 2010, después de una prueba casera confirmamos que estábamos esperando un nuevo milagro. Esta vez con miedo, con un poco de desconfianza y sin interés en publicar la noticia hasta esperar un tiempo. No lo dijimos absolutamente a nadie, solo a la ginecóloga. Al confirmar que todo marchaba “bien” publicamos la noticia cuando cumplimos dos meses. En todo el embarazo estuve muy productiva y con muchas energías para no detenerme. Se mezclaban las emociones. Pensaba en lo emotivo que era saber que estaba embarazada, pero también en lo frustrante que podría ser perder la ilusión como la pasada experiencia. Era un sentimiento de cautela. Eso que le dicen: “vísteme despacio que voy de prisa.”

En la semana 16 nos dieron la gran noticia de que sería una niña. Las preguntas no se hicieron esperar: ¿Cómo sería? ¿A quién se parecería? ¿Queríamos una niña? Muchas incógnitas pero muy emocionante. No me detuve en mis nuevos proyectos por el embarazo, por el contrario me inspiró e instó a hacer y dar más. Solo los pies me pidieron al final porque estaban hinchados. Pensábamos que nos iríamos en la semana 39 pero cuando llegó la 40 la doctora nos dijo que el parto sería “inducido”. Esa palabra me provocaba nervios pero también me daba seguridad de que vería a mi bebé.

El jueves, 5 de mayo de 2011 nos citaron en el Hospital Auxilio Mutuo. Llegamos a las 7:30 am y a las 9:30am la doctora nos fue a visitar. Mi esposo estuvo presente en todo momento. Hasta seleccionó canciones en su Ipad para que me mantuviese inspirada y tranquila en todo el parto. La sala de parto estaba acompañada de canciones espirituales que iluminaban el momento como uno citado por Dios. También contamos con la presencia de la fotógrafa Heidy Norel de Frames Modern Photography para documentar cada detalle. El panorama era tan bueno que hasta me estaba gustando demasiado “la cuestión”. Un cuarto cómodo, enfermeras atentas (que me ponían frisas calientes), un televisor en un cuarto privado, mi esposo al ladito y su “IPAD”. Allí cantamos con Jacobo Ramos, Michael W. Smith y otros más.

El proceso comenzó muy acelerado. De dos centímetros llegamos a seis en menos de tres horas y lo mejor era que los dolores eran controlados. Las enfermeras estaban celebrando que nos iríamos de parto muy rápido porque entre mi buen ánimo y las dilataciones iba todo muy bien.

A la 1pm la doctora llegó para romperme fuente. Cada una de estas cosas las iba pasando tranquila pero con sustito porque pensaba mucho en lo que todos me contaban acerca de: “… el dolor, la sangre, cambios de estado de ánimo, apretar la mano de Eliezer, gritarle, pedir que me pusieran epidural, desmayo de mi esposo, romper fuente versus ríos de agua viva…” y de pronto “plups!” reventaron la fuente y yo lo que dije fue “¿ya?” “¿eso era?”. Nada que ver con dolor ni nada. Comencé a sentir más alivio y los pequeños dolores como de menstruación desaparecieron.

Ya estaba por los 7 centímetros cuando la doctora llegó y me dijo “te pondré pitusina”. Ahí fue mi reacción “doctora pero si todo va perfecto, ni tengo dolor, ya casi llegamos a los 10”. Ahí descubrí que además de dilatar a los 10 centímetros la bebé tenía que ponerse más abajo. Casi a las 2pm la doctora me dijo antes de poner la “pitusina” (que aceleraría las contracciones) –Estás a tiempo para que la epidural o demerol. Le dije que gracias pero que todo lo estaba manejando muy bien. Ella me dijo: “¿Segura?” “Ahora es el momento”. Titubeé, me asusté y proyectándome firme aunque súper insegura le dije “no gracias, estoy bien así”.

Una hora después mi mundo se puso gris. Comenzó la pitusina a hacerse presente por mis venas. Seguí el consejo de alguien que me había comentado que por cada contracción, siempre viene una pausa y que aprovechara las pausas para descansar. Eso me ayudó mucho. Miraba a mi esposo y le decía que me recordara cómo debía respirar y él me decía.

Ahora hago una pausa del parto para resaltar la asistencia de mi esposo. Estuvo al lado mío siempre. Me miraba, me daba cariño, besos, hielo (lo único que podía ingerir) y su presencia llena de sonrisas y emoción me contagiaba. “Eres hermosa” “pronto veremos a nuestra hija”, “eres una titana”, “¿te dije que te amo?, pues hoy te amo más”. Mientras la pitusina hacía su trabajo de provocar contracciones involuntarias, las palabras de mi esposo me recordaban que mi niña es producto de un amor genuino, sincero y transparente.

Comenzaban a intensificarse las contracciones. Miraba a Eliezer y ya sin poder hablar bien le decía con mis ojos “¿cómo es que debo respirar?” Él respiraba y yo lo seguía. Esto se repitió con la misma técnica en todo momento. Ósea, hubo una sola técnica que era “inhala y exhala” that’s it!

La doctora y enfermera me comentaron, “cuando tengas como deseos de evacuar comenzamos el parto”. Uf! Panic mode! Ahí recordé la parte de la película de mayor tensión. Tuve deseos de evacuar como por hora y media pero el miedo y recordar muchas anécdotas patéticas de otros me detuvieron. Ya no podía más. “Eliezer… ya tengo ganas!” La doctora se sentó en la camilla por un lado, Eliezer en el otro lado y la enfermera animó la fiesta. Cuando comencé a pujar, los dolores de contracción se iban y ahí fue que dije “¡Wow! ¡Se me va el dolor cuando pujo!” y la enfermera se activó diciendo con tono de una corista afroamericana “…¿y de cuando acá ir al baño y pujar produce dolor? ¿Hello? ¡Viene puja que ya estamos viendo la cabeza! Ven papá, mira por donde viene”.

Cada contracción eran tres pujos y me parece que como a la 8va (en menos de una hora) escuché a la doctora decir “Vamos Raquel que este es el último.” Mientras la enfermera de fondo me cantaba el coro que decía “Viene puja, puja…” Entonces, una fuerza que no puedo describir vino con solo pensar que iba a ser el último. Ahí sentí como si la vida se me desgarrara. De repente, como si hubiese llegado al cielo, salió un grito desprendido de mí. Al abrir los ojos tenía a Racheli Mar Ronda López en mis brazos. Ella estaba mirándome y Eliezer con voz entrecortada decía: “mira mi amor, qué linda, qué linda es nuestra hija…” “mi amor qué linda…”

Solo pensaba “nació… la pude parir… Mi milagro nació. Racheli, eres la nena de mamá y papá. Mamita, te amamos tanto, llegaste… Eres la evidencia que los milagros nos visitan. El amor de dos seres se pueden conjugar para producir vida y así evidenciar un milagro de amor”.

Hoy Eliezer y yo no nos cansamos de mirar los ojos de nuestra niña, Racheli Mar. Tocamos sus manitas y contemplamos la belleza de la vida a través del milagro de su vida en nosotros. Ruego por todas aquellas que buscan el suyo. Deseo que muchas puedan tener esta experiencia y que logren también documentarla. Cada pequeño que nace es un testamento que muestra a la sociedad que el nacimiento de una criatura es un milagro y nos hace testigos del amor.

Video Fotomontaje Frames Modern Photograph

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11 pensamientos en “Un milagro de amor

  1. Muchas felicidades, que hermosa familia!!! Me alegro tanto por ustedes que al ver las fotos y leer la experiencia que tuviste, me trae lagrimas de felicidad. Eres una persona muy especial y te recuerdo con mucho cari~o. Yo me uno a todas esas mujeres que desean esa bendicion en sus vidas, pero por una u otra razon no ha pasado aun. Sigo con las esperanzas que Dios me conceda ese regalito muy deseado. Mientras tanto mantenme en tus oraciones. LQM y que el Se~or los bendiga!!!

  2. Woow. leo tu historia y nos recuerda a la nuestra con mi esposa 5 dias despues de racheli, tubo un aborto y despues quedo embarasada, muy linda tu historia y es como si nos estuvieran describiendo a nosotros, que Dios los bendiga y gracias por compartir esos momentos tan intimos que pueden ayudar a dar fuerzas a otras mujeres que puedan estar pasando por cituaciones adeversas..

  3. Amiga, gracias por compartir esto. Realmente inspirador. Please, no dejes de escribir, nos hace bien escucharte! Disfruta de este momento tan hermoso. Te quiero mucho! Jess

  4. La verdad, te sigo desde algún tiempo… No se porque di con este blog (No recuerdo). Me pareció interesante y lo seguí. No los conozco pero si he leído las entradas de su experiencia pasada y de alguna forma me tocaban… y bueno, no se porque pero me alegro y conmovió mucho la noticia de que nació Racheli. ¡Felicidades a ambos!

    un abrazo desde Venezuela

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