¿Un monumento o un movimiento?

por Eliezer Ronda

Hace unos días atrás estuve traduciendo a un predicador norteamericano en la iglesia que frecuentaba Raquel antes de casarnos. Su nombre es Bob Macgregor, y es Pastor en el City Harvest Church en Vancouver, WA. Su predicación fue muy interesante en lo que compartió con las personas que se reunieron en Casa de Refugio. Una de las cosas que más me llamó la atención fue una expresión que comentó y que en realidad no le dio mucha importancia dentro de la predicación. En un momento dado dijo: “Tenemos que verificar si queremos ser un monumento o un movimiento”. La verdad es que no le dio mucho espacio a ese punto y dirigió el enfoque de la predicación hacia otra dirección. No obstante, mientras continuaba traduciendo para la audiencia su mensaje, no podía dejar de pensar en lo que había comentado con relación a lo que persentó de si somos promotores de los monumentos o de un movimiento. Al finalizar conversé con él con respecto a ese punto y le dije que iría a desarrollar ese comentario. Luego de es comencé a pensar con relación a nuestros propósitos cuando desarrollamos eventos y actividades ministeriales. Llegué a la conclusión que realmente, muchos hemos optado por ser monumentos en vez de promover movimientos de fe en las personas.

En ese espacio me puse a pensar en los monumentos que he visitado. Me pude percatar que cada uno de ellos lo que intentan es trasmitir un significado y hasta procurar que no se olvide lo que significa ello para el lugar donde se erige el mismo. Los monumentos son esfuerzos para que las próximas generaciones nunca olviden la historia. Soy de los que pienso que debemos hablar más de la historia en estos tiempos. La historia es como un mapa que tiene la capacidad de decirnos de donde venimos y hacia donde vamos. La historia nos ubica en pensar que los desafíos que pasamos, otros también los han experimentado y en ellos encontramos refrigerio para lo que pasamos o podemos estar por pasar. Además, nos dice mucho de los mismos errores que podemos continuar cometiendo. Ahora, los monumentos son estáticos. Son artefactos estacionados que solo intentan llevar al expectador a un tiempo de reflexión. En ese esfuerzo, me di a la tarea de buscar un un poco de información y encontré que la palabra monumento viene de la palabra en latín “monere” que quiere decir: para recordar o para advertir. Entonces… creo que por mucho tiempo hemos optado por recordar y por advertir. Nos encanta recordar y a veces hasta cantaletear. Nos gusta sacar en cara lo que no nos gusta que la gente haga. Disfrutamos decir lo que está mal y “advertir” de lo que puede pasar.

Personalmente, creo que es sumamente necesario ser una voz de advertencia de los probables espacios que nos minen como pueblo. No obstante, la advertencia debe ir de la mano de la dirección y la orientación. Creo que aquí estriba nuestro gran desafío; necesitamos proveer dirección. Personalmente he tenido la oportunidad de observar algunos monumentos. He tenido la oportunidad de ver como es el Monumento al Jíbaro en Cayey, el Choliseo de Puerto Rico en memoria de José Miguel Agrelot, el Totem en el Cuartel de Ballajá, entre otros. Tambien he visto el Obelisco en Buenos Aires, el Partenón en Atenas, el Libertador Simón Bolívar en el centro de Caracas, entre otros. La verdad es que he quedado impresionado con ellos y hasta me he fotografiado junto a ellos… pero… no recuerdo ningún momento que hayan provocado que muchas personas hagan determinaciones colectivas para una causa en particular. Nunca he llegado transformado por lo que vi en una escultura, pero sí he sido transformado por el contacto de la gente que cree en la causa por la cual ha sido erigido ese monumento. Entiendo que varias personas hacen promesas frente a este tipo de estructuras. Sin embargo, mas que promesas, necesitamos que seamos el cuerpo del Cristo viviente. En el libro de Romanos podemos ver que nos dice: Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian las buenas nuevas! (Ro. 10:15). Es un homenaje al monumento de la actividad de los pies que tienen voz activa. Entonces, me pongo a pensar que intentamos hacer como iglesia.

Necesitamos ser una iglesia que se mueva. Una iglesia que camine, que toque, que huela, que sienta y que vea. Necesitamos ser propicios de un movimiento que abra espacios cerrados y cierre los que se ha abierto y nunca debieron serlo. Estamos en la urgencia de ver un movimiento que no lo propicie un evento masivo de jóvenes, sino que sea desarrollado en la más profunda reflexión, compromiso y pasión que solo el Espíritu Santo pueda mover. Creo que un cuerpo que se convierte en monumento trae el recuerdo, pero juega con la incapacidad de crear nueva memoria en aquellas mentes que han perdido la capacidad de verse como gente. Necesitamos rescatar la actividad de proclamación del evangelio que fue secuestrada por la vil tentación de vernos bien desde el púlpito. Hay un pueblo que grita por vida en un mundo de fe moribunda. Me parece poder escuchar el eco de Santiago 2:17 cuando nos dice: “Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.”

Lo maravilloso del movimiento, es que se propicia actividad continua que reviven tiempos que quedan en la coma. Son espacios que siguen el camino de lo necesario. Aclaro que no me refiero a desconsiderar aquellos que personalmente llamó los monumentos de fe, sino que seamos monumentos andantes que propicien una voz viva que no recaiga sobre el silencio de una contemplación de nuestra bondad. No podemos seguir pensando que la gente vea esto en nosotros o piense como nosotros. Es necesario que hagamos un movimiento que active la juventud a verse como parte del todo de Dios en su agenda. Hay que hacerle entender a las generaciones que siguen surgiendo que son parte de un mover de Dios como respuesta a las oraciones, gritos y llantos de una sociedad en necesidad de ver actividad que no se encierre en una ideología de la fe. Estoy convencido que el movimiento que logremos en nuestra juventud será transformación de la sociedad que a su vez, servirá de monumentos a los que nos siguen de reflexión y actividad. Necesitamos ser los monumentos, pero como esos de Disney, de esos que se mueven y maravillan al espectador para contar a los que conoce de lo que experimentó. Seamos voz, seamos manos, seamos pies, pero seamos movimiento de Dios a un mundo que desesperadamente grita y necesita actividad. Pablo lo dijo de esta forma: “la creación espera con gran impaciencia el momento que se manifieste claramente que somos hijos de Dios.” (Ro. 8:19).

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2 pensamientos en “¿Un monumento o un movimiento?

  1. MuyMuy Muy interesante. Ese “statement” que desarollaste del pastor esta muy poderoso y impactante. Es verdad que como cuerpo de Dios nos emos adormecido con lo que se ha logrado en los ultimos años y no emos emprendido nuevos caminos que sean retadores. A la misma vez emos sido un grupo que celebra mas monumentos de tiempo, es decircelebramos mas cosas que han acontesido en ves de ser un cuerpo que se esta constante mente moviendo y creciendo. Tambien con todo esto no creo que emos causado como dices un movimiento vivo que se multiplique solo y que crezca por su cuenta como crece un fuego en un bosque seco. es tiempo de sacudir el cuerpo de Cristo!

  2. “Necesitamos rescatar la actividad de proclamación del evangelio que fue secuestrada por la vil tentación de vernos bien desde el púlpito.” E.R. Voy a poner eso en citascelebres.com … Pero, no no… porque eso sería hacer de esas palabras un monumento. Debería entonces ayudar al rescate de la proclamación de la Esperanza con los pies en la Tierra y fuera de las paredes… siendo manos, pies y hasta pelos… del cuerpo de Dios. je. Un abrazo.

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